El pasado 4 de septiembre se llevó a cabo la celebración de una de las parejas más queridas de internet en Latinoamérica. Se trata de Victoria Dallier y Fede Eyherabide, quienes decidieron oficiar su boda en Río de Janeiro. Una celebración pensada al detalle, donde la moda, la arquitectura y el ambiente relajado se fusionaron para crear el moodboard nupcial definitivo de la temporada.

Detrás de una boda de ensueño siempre hay una historia de amor que consolida el camino hasta el altar. La relación entre Victoria y su ahora esposo, Fede, ha sido un trayecto compartido con sus seguidores, pues ellos han sido testigos de sus momentos juntos y de esa complicidad a lo largo del tiempo que ha trascendido fronteras.

Aunque todo comenzó con un follow, el amor no tardó en superar la distancia. Entre Victoria, residente de Brasil, y Fede, viviendo en Argentina, su relación floreció a través de charlas diarias que pronto se convirtieron en viajes espontáneos y encuentros románticos que, poco a poco, involucraron a uno en la vida del otro. No pasó mucho tiempo para que su vínculo se transformara en una propuesta nupcial para unir sus vidas.

Sin ninguna duda, el centro de atención durante la boda fue el encantador vestido de la novia. El sofisticado vestido de Victoria destacó por su estilo romántico, que parecía sacado de un cuento de hadas. ¿El modelo? Un corte princesa con una falda amplia confeccionada en una serie de capas de tul bordado. Con un bello corsé estructurado de escote por debajo de los hombros, decorado con finos bordados de encaje floral, esta bella novia llevó hasta el altar un diseño que celebraba la feminidad de forma romántica sin esfuerzo.

Su vestido se complementó a la perfección con su hermoso cabello rojizo, con un peinado bastante natural, un velo largo que flotaba con el viento y un maquillaje luminoso centrado en resaltar la frescura de su piel.

Para el oficio de su boda, la pareja optó por un santuario natural en Río de Janeiro. Un destino rodeado de naturaleza y estructuras de madera al aire libre, donde la luz dorada del atardecer hizo casi todo el trabajo decorativo. Su recorrido hacia el altar se trató de nada más y nada menos que de un pasillo rodeado de flores, arreglos florales en tonos crema y detalles de cristalería fina, acompañados por la calidez de las velas.

Desde la entrada triunfal del brazo de su madre, quien lució un elegante diseño drapeado en tono verde salvia, hasta la recepción al aire libre, cada parte de la ceremonia reflejó un aura de sofisticación y calidez únicos.

Imagen de portada: Victoria Dallier.